
La relación más importante
Pasamos la vida cuidando relaciones. Con nuestros hijos, con nuestra pareja, con nuestros papás, con la gente del trabajo. Ponemos muchísima atención en cómo tratamos a los demás.
Pero hay una relación de la que casi nunca hablamos. Una que llevas contigo todo el día, todos los días, desde que despiertas hasta que te duermes: la relación contigo misma.
Y quiero que nos pongamos a pensar en cómo es esa relación. Porque en mi trabajo, es una de las cosas que más veo cambiar—y una de las que más lo transforma todo.
Escúchate cómo te hablas
Muchas de nosotras nos hablamos de una manera que jamás le hablaríamos a alguien que queremos.
Nos exigimos. Nos criticamos. "¿Por qué hice esto?" "¿Por qué soy así?" "Debí haberlo hecho mejor." Vivimos con una vocecita adentro que nos regaña por todo, y ya nos acostumbramos tanto a ella que ni la notamos.
Y quiero preguntarte: si una amiga te contara lo mismo que tú te reclamas a ti misma, ¿le hablarías así? ¿O la entenderías?
De la queja a la comprensión
Una de las cosas más valiosas que las personas empiezan a experimentar cuando trabajan en su bienestar es justamente esto: empiezan a relacionarse consigo mismas desde otro lugar.
No desde la queja. No desde el "ay, ¿por qué hice esto?". Sino desde una mayor comprensión, desde una mayor compasión.
Porque lo que hemos pasado nos ha marcado a cada uno de nosotros. Ninguna historia es igual. Y cuando de verdad entiendes tu historia—de dónde vienes, lo que cargaste, lo que viviste—se vuelve mucho más difícil seguirte tratando con dureza. Empiezas a entender por qué eres como eres. Y desde ahí, en lugar de pelearte contigo, empiezas a acompañarte.
No es dejar de exigirte, es dejar de maltratarte
A veces la gente piensa que ser compasiva con una misma es como darse permiso de todo, o dejar de crecer. Y no es eso.
Es dejar de maltratarte mientras creces. Es poder decirte: "okay, a lo mejor no reaccioné de la mejor manera hoy, pero también no dormí bien, también estoy pasando por mucha carga." Es entenderte sin dejar de querer ser mejor. Las dos cosas caben juntas.
De hecho, cuando te tratas así, cambias más rápido. Porque ya no gastas toda tu energía en pelearte contigo misma. La usas en entenderte, y en decidir cómo quieres responder la próxima vez.
Es un trabajo que se va haciendo
No te voy a decir que esto se logra de un día para otro. Es un trabajo que tú vas haciendo contigo misma, poco a poco.
Pero empieza con algo sencillo: la próxima vez que te cachas hablándote feo, detente un momento. Nada más nótalo. Y prueba preguntarte, con calma, qué le dirías en ese momento a alguien que quieres mucho.
Esa voz—la que entiende, la que acompaña, la que no juzga—también puede ser para ti. De hecho, es la que más falta te hace.
Soy Itziar Ramos, de Centro Mente en Calma. Acompaño a personas del Valle en su bienestar emocional. Puedes encontrarme en el directorio de Rootlight Collective.

